
1. Redacta en positivo
En lugar de usar el “No” (prohibitivo), enfócate en la acción deseada. Esto ayuda a que el cerebro de los niños procese mejor la instrucción.
- Mal: “No gritar en el salón.”
- Bien: “Hablamos con un tono de voz tranquilo.” o “Usamos voz de biblioteca.”
2. Menos es más (La regla de 5)
No llenes la pared con 20 reglas que nadie recordará. Elige entre 4 y 6 normas esenciales. Si el reglamento es corto, es más fácil de memorizar y de aplicar consistentemente.
3. Hazlas participativas
El tip de oro: Constrúyelas con tus alumnos. Cuando los niños sienten que ellos ayudaron a crear la regla, se sienten más comprometidos a cumplirla. Puedes hacer una lluvia de ideas y luego tú, como guía, las transformas en las reglas oficiales del aula.
4. Deben ser observables y claras
Evita conceptos abstractos como “Ser buenos”. Define qué significa eso en acciones reales.
- Ejemplo: “Mantengo mi área de trabajo limpia” es mucho más claro que “Soy ordenado”.
5. El apoyo visual es clave
Especialmente en preescolar y primaria baja, los niños son visuales. Cada norma debe ir acompañada de una ilustración o icono que represente la acción.
6. Establece consecuencias, no castigos
Acompaña las normas con una charla sobre qué pasa si no se cumplen. La consecuencia debe estar relacionada con la falta.
- Si tiraste material, la consecuencia es recogerlo y acomodarlo.
7. Modelar la conducta
Como docente, eres el primer referente. Si una regla es “Llegar a tiempo” o “Pedir las cosas por favor”, tú debes ser el ejemplo más impecable de ello.
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